Inicio

Desarrollo defensa y tecnología belica blog de difusión de tecnologías de sistemas de armas,noticias,conflictos internacionales, y la evolución histórica de material bélico en general
Mostrando entradas con la etiqueta CONTINENTE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CONTINENTE. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de octubre de 2020

Anticipo exclusivo, “La Guerra Invisible-El último secreto de Malvinas”: el plan de Thatcher para atacar el continente y matar a los pilotos

La nueva investigación de Marcelo Larraquy revela en detalle los sucesos que se produjeron en Inglaterra después del hundimiento del destructor Sheffield, alcanzado por un misil Exocet. El fin de la operación con que pensaban tomarse revancha era destruir la escuadrilla de cazas Super Étendard que tenían en jaque a la flota británica y matar a los bravos pilotos de la aviación naval


Por Marcelo Larraquy

Periodista e historiador (UBA)

El 4 de mayo de 1982, el destructor HMS Sheffield fue alcanzado por uno de los dos misiles Exocet lanzado por un par de aviones Super Etendard que operaban desde la Base Aeronaval de Río Grande, en Tierra del Fuego.
El 4 de mayo de 1982 la Escuadrilla de la Aviación Naval, con dos aviones Super Étendard provistos con misiles Exocet atacó por primera vez en combate al destructor Sheffield. Los misiles fueron lanzados desde aproximadamente 40 kilometros. Gran Bretaña suponía que los Exocet que Argentina acababa de comprarle a Francia no podían lanzarse. El presidente francés Francois Miterrand le había asegurado a la premier Margaret Thatcher que no habían cedido los coeficientes para la computadora del avión, imprescindible para hacer funcionar su sistema de armas. Sin embargo, los misiles hundieron al Sheffield. A partir de ese momento, si Argentina impactaba sobre los portaviones Hermes o Invincible, que transportaban aviones, helicópteros y material logístico para el desembarco británico, se pondría en riesgo la victoria militar británica. Entonces se decidió romper la propia zona de exclusión que había delimitado y atacar el continente con un grupo comando, para destruir los aviones, los misiles y matar a los pilotos. La operación, que se revela por primera vez, es parte del libro “La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas”, de Marcelo Larraquy.

Aquí, el anticipo de La Guerra Invisible.

El 8 de mayo, en Chequers, la residencia de campo oficial de gobierno —el mismo lugar donde se había decidido el hundimiento al crucero Belgrano—, se ordenó el traslado de las tropas terrestres de la isla Ascensión hacia el Atlántico Sur y se estableció la fecha del desembarco entre el 18 y 22 de mayo. Thatcher también avaló la gestación de la opción más extrema: eliminar el poder de destrucción del enemigo, el sistema de armas del Super Étendard. Atacarlo en su punto de partida. Woodward suponía que en la base de Río Grande todavía había tres Exocet, de acuerdo a la información francesa —que ya no resultaba tan confiable—, pero seguía en la búsqueda de más misiles. Un informe de inteligencia, entregado por un enlace de la Comunidad Europea, aseguraba que la Argentina poseía diez misiles. Thatcher autorizó el ataque al continente luego de una proposición de la Marina Real.

La operación requería la participación de una fuerza especial que, en una acción de alto riesgo, eliminara los aviones, los misiles y también a los pilotos. Se estudiaron tres opciones: a) La invasión a la isla de Tierra del Fuego y, en consecuencia, a la base de Río Grande; b) el bombardeo a la base de Río Grande con aviones Hércules, y c) la toma de la base con una fuerza especial.

Cualquiera de las opciones rompía con la zona de exclusión y el derecho a la “legítima defensa”, con el que Gran Bretaña había justificado el traslado de sus naves al Atlántico Sur. Ahora ya no importaba que el ataque activara el TIAR, recibiera la condena del Consejo de Seguridad de la ONU o incomodara a Estados Unidos. Thatcher estaba decidida. Sabía qué quería, necesitaba saber cómo hacerlo. El Estado Mayor para la Defensa le ordenó al jefe del Special Air Service (SAS), brigadier Peter de la Billière, que estudiara alternativas para la operación.

De la Billière pensó la maniobra en dos etapas. En la primera, una patrulla saldría desde la Fuerza de Tareas, se aproximaría a la base de Río Grande y recogería información de los objetivos: los aviones, los misiles, los pilotos del Super Étendard. Sería una maniobra de exploración que desarrollaría un comando infiltrado. 

Se llamaría Operación Plum Duff. En la segunda parte, con los resultados de la inteligencia previa, dos aviones Hércules C-130 despegarían desde la isla Ascensión, se reabastecerían en el aire y aterrizarían en la pista de Río Grande: sesenta hombres armados se desplegarían sobre objetivos y los destruirían. El plan de fuga preveía retornar a los aviones y volar hacia Chile. Se denominaría Operación Mikado.

Dassault-Breguet Super Etendard

Cualquiera de las opciones rompía con la zona de exclusión y el derecho a la “legítima defensa”, con el que Gran Bretaña había justificado el traslado de sus naves al Atlántico Sur. Ahora ya no importaba que el ataque activara el TIAR, recibiera la condena del Consejo de Seguridad de la ONU o incomodara a Estados Unidos. Thatcher estaba decidida. Sabía qué quería, necesitaba saber cómo hacerlo. El Estado Mayor para la Defensa le ordenó al jefe del Special Air Service (SAS), brigadier Peter de la Billière, que estudiara alternativas para la operación.

De la Billière pensó la maniobra en dos etapas. En la primera, una patrulla saldría desde la Fuerza de Tareas, se aproximaría a la base de Río Grande y recogería información de los objetivos: los aviones, los misiles, los pilotos del Super Étendard. Sería una maniobra de exploración que desarrollaría un comando infiltrado. Se llamaría Operación Plum Duff. En la segunda parte, con los resultados de la inteligencia previa, dos aviones Hércules C-130 despegarían desde la isla Ascensión, se reabastecerían en el aire y aterrizarían en la pista de Río Grande: sesenta hombres armados se desplegarían sobre objetivos y los destruirían. El plan de fuga preveía retornar a los aviones y volar hacia Chile. Se denominaría Operación Mikado.

Carga de misiles Exocet en el Super Etendard, guerra de Malvinas

La misión Plum Duff la desarrollaría el Escuadrón B del Regimiento 22. Era un escuadrón creado en 1951, cuando el SAS había enfrentado una insurrección comunista en Malasia; luchaban por la liberación del territorio colonial británico. El nuevo escuadrón había comenzado a entrenarse en áreas selváticas, como lo hacían sus enemigos, por períodos cada vez más largos, y demostraron que podían adaptarse a esta nueva geografía. Desde entonces, sus patrullas empezaron a integrarse con tres o cuatro hombres. Tres días después del ataque al Sheffield, el Escuadrón B comenzó a movilizarse en su base de Hereford. Ese día, el 7 de mayo, Gran Bretaña había extendido la zona de exclusión total hasta 12 millas de la costa argentina. No era difícil interpretarlo como la señal de un ataque al continente. Al día siguiente se presentó el primer plan, todavía en discusión. Había que delinearlo, pero la matriz era la siguiente: se formarían dos patrullas de exploración e inteligencia, una para la base de Río Grande y otra para la de Río Gallegos. Llegarían en helicópteros. Esta sería la primera fase. La segunda fase, la Operación Mikado, consistía en el vuelo apenas por encima del nivel del mar de dos Hércules que aterrizarían en la pista de Río Grande y de los que irrumpirían comandos en vehículos con ametralladoras pesadas. Matarían a los pilotos —que suponían alojados en la base—, destruirían aviones y misiles, y luego abordarían las aeronaves para refugiarse en Chile.

Ninguno de los que habían planeado la operación formaría parte de ella, ninguno estaría en la bodega del avión al momento de llegar al continente. Este era un punto ríspido, que molestaba en el Escuadrón B. Y además: ¿cómo aterrizarían dos Hércules sin ser detectados por radares de la base? No se sabía.

Super Etendard en 1982  Guerra de Malvinas

La duda era una sensación que concernía a la naturaleza de las operaciones bélicas. Pero el terror a un segundo ataque argentino con Exocet trascendía las dudas. Ahora la flota británica comenzaba a tener una percepción más real de la guerra. Hasta el ataque al Sheffield, se actuaba con profesionalismo pero no se vivía la tensión que supone el peligro inminente, la vulnerabilidad constante frente al enemigo, la exposición a un riesgo mayor, la pérdida de vidas no como hipótesis sino como hecho factible, real.

La Operación Mikado entró en estado de incertidumbre. Pero se avanzó con la misión que la antecedía, la Operación Plum Duff, que era la que debía realizar la inteligencia sobre la base aeronaval. De la Billière confió la conducción al capitán Andy Legg. Era el hombre elegido. Acababa de cumplir 28 años. Después de enrolarse en el Ejército, Legg había realizado un máster en Matemática aplicada en la Universidad de Reading, aunque su propósito siempre era integrarse al Regimiento de Paracaidistas, como paso previo a su ingreso al SAS. Un oficial de enlace universitario, en cambio, le recomendó unirse al Royal Hampshire, un regimiento militar local, para perfeccionar su formación. Legg tomó en cuenta el consejo, y aplicó en el curso de un año de entrenamiento en la Real Academia Militar de Sandhurst. En su momento también lo había realizado Winston Churchill. Al finalizar, alcanzó el grado de segundo teniente, con antigüedad anticipada por su máster universitario. Pero nunca abandonó su idea de ser miembro del SAS.

En 1980, dos años más tarde de lo que había proyectado, superó las pruebas de selección y se integró al Escuadrón B del Regimiento 22. Ya había servido en una operación en Omán, en las montañas de Dhofar, y también en la selva de Belice, colonia británica en América Central, y se disponía a viajar a Canadá cuando le encomendaron la jefatura de un comando que debía infiltrarse en el continente argentino con la guerra iniciada. Legg había recibido la siguiente instrucción: “Esto será difícil, hágalo con firmeza, muévase lentamente y efectúe una buena observación de los alrededores antes de hacer algo. Realice la inteligencia a medida que avanza”, le recomendó su superior inmediato.

Augusto Bedacarratz desciende de su Super Étendard tras cumplir con éxito la misión

El capitán Legg pensaba que un acceso por Chile, con una exploración lenta hacia el objetivo, podría dar mejores resultados para elaborar un mapa de inteligencia que el ingreso por la costa a una distancia reducida del blanco. Además, desde Chile tendrían menores posibilidades de ser detectados. Pero su inquietud no encontró la atmósfera adecuada ni se abrieron posibilidades de discutir la viabilidad de la misión, como solía suceder. No había tiempo ni voluntad para generar cambios radicales en el diseño de la Operación Plum Duff.

El Escuadrón B del Regimiento 22 dirigido por Legg continuó su preparación. Era el único escuadrón que todavía no había sido enviado al Atlántico Sur. Primero entrenaron en Gales con tiros de rifles, emboscadas nocturnas y marchas forzadas. Luego se desplazaron a Wick, en el extremo norte de Escocia, para ensayar aterrizajes con el Hércules desde baja altura, a poca distancia del mar.

Super Etendard Guerra de Malvinas. Hundimiento del Sheffield

Cuando regresaron a Hereford, el 14 de mayo, De la Billière los reunió con las novedades: las dos patrullas de exploración se fusionaban y, si se daban las posibilidades, también deberían atacar la base de Río Grande en una operación de acción directa. Por esta nueva planificación, debían llevar explosivos y detonadores por tiempo y resignar ropa y comida en su mochila. La base de Río Gallegos se había descartado como blanco. El capitán Legg conduciría una patrulla única de siete hombres que llegaría a Río Grande y exploraría y destruiría la base. Ese era el nuevo objetivo. Todavía no existía una planificación final, se iría conociendo con el correr de los días. Podrían desembarcar desde una fragata, un submarino o un helicóptero. Esta última opción era la más probable. Lo único cierto era que debían volar hacia Ascensión al día siguiente para iniciar la maniobra.

En Ascensión, antes de cruzar el hemisferio, Legg sostuvo una comunicación satelital con De la Billière. El brigadier le dio algunos detalles del lanzamiento al océano y le informó que probablemente volarían al continente con un Sea King. La posibilidad de que la operación se cancelara y que a él lo reasignaran para unirse al resto del Escuadrón del SAS con la Fuerza de Tareas se acababa en ese momento, pensó Legg. Sintió que ya no había forma de escapar. Hubiera preferido un submarino o una lancha rápida para llegar a la costa, en todo caso. El ruido del Sea King representaría un seguro boleto de ida. Le preguntó a De la Billière qué sucedería con el helicóptero después de que los dejara en tierra. Temía que, si quedaba visible, se intensificara la búsqueda de su patrulla. “Tenemos activos que eliminarán la evidencia. No es un tema de su incumbencia”, fue la respuesta exasperada del brigadier. No hubo más preguntas. Antes de cerrar la transmisión De la Billière les deseó suerte. Esperaba verlos en su regreso a Londres, le dijo.

El 16 de mayo, siete horas después del despegue, a 17 mil pies de altura, el Hércules fue acoplado por la sonda de otro Hércules y tras dos intentos fallidos logró cargar combustible. Faltaba la mitad del viaje. El piloto les anticipó que había un poco de brisa desde el oeste. Nada de qué preocuparse. El tiempo era bueno. Seis horas después se colocaron su paracaídas y sus salvavidas y los ocho hombres saltaron desde 370 metros junto a sus armas y las mochilas. Desde el avión después les tiraron las cajas con pertrechos de guerra, que recuperaron en el mar.

La tapa del libro de Marcelo Larraquy


La Operación Plum Duff cruzaba al hemisferio sur por primera vez. Estaban dispersados por las olas, a 60 millas al norte de Puerto Argentino, pero todavía lejos del continente. El rescate se demoró. Esperaron más de media hora la llegada del buque de auxilio Fort Austin para levantarlos del agua congelada. Legg lamentó no haber pedido trajes de neoprene para su grupo.

Desde el Fort Austin volaron en helicóptero hasta el Hermes. En el portaviones se conformaría la tripulación que los trasladaría al continente. Se les ofreció a los pilotos del Sea King postularse como voluntarios. Algunos acababan de regresar de la isla Borbón y mantenían el entusiasmo por el éxito de la operación. Pero, si para esa misión habían vuelto al Hermes, la misión Pluff Duff no tenía la posibilidad de llegar al continente y regresar. 

Era lo más parecido a un sacrificio humano. Y también material. El almirante Woodward ordenó que utilizaran el modelo más antiguo del Sea King. El piloto de mayor graduación del escuadrón de transporte aéreo, Bill Pollock, lo convenció de que les permitiera utilizar la versión más moderna, el Sea King 4. Legg entendía que en el vuelo al continente se sacrificaría a tres pilotos, al Escuadrón B, además del helicóptero. Pero la superioridad creía que este sacrificio no representaba un costo alto frente a la posibilidad de poner en riesgo el resultado de la batalla. Aunque el éxito de la misión fuera mínimo, el sacrificio debía realizarse.

Marcelo Alejandro Larraquy (n. 23 de julio de 1965 en la ciudad de Buenos Aires) es un historiador, periodista, escritor, guionista y profesor argentino, ganador del Diploma al Mérito 2007 y 2017 de la Fundación Konex

Fuente:https://www.infobae.com

martes, 3 de abril de 2018

Lo que poco se sabe de la Guerra de Malvinas"admiten que hubo planes del Reino Unido para atacar el continente"

Un veterano británico reconoció que "sin ninguna duda" estaban en "riesgo" quienes se desempeñaron en bases militares de la Patagonia durante el conflicto.

Un veterano británico de la guerra de Malvinas reconoció la existencia de planes durante 1982 por parte del Reino Unido para llevar adelante incursiones armadas en el continente, en zonas del litoral marítimo patagónico.

Se trata de Edward Denmark, integrante del 12° Regimiento Real de Artillería Antiaérea de la Task Force, quien se contactó a través de una carta con el ex soldado conscripto de la Fuerza Aérea Sur Julio Herrera Vidal y le aseguró que "sin ninguna duda" estaban en "riesgo" quienes se desempeñaron en bases militares de la Patagonia durante el litigio

En declaraciones a la agencia Noticias Argentinas, Herrera Vidal explicó que "eran seis las bases en el sur argentino: "Trelew, Comodoro Rivadavia, San Julián, Santa Cruz, Río Gallegos y Río Grande desde donde salieron los ataques de la aviación argentina  a la marina británica" durante la guerra, todas ellas en el ámbito del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS).

Según trascendió, Denmark planearía junto con un grupo de ex colegas británicos elevar un petitorio al Parlamento de su país para que intervenga ante el Gobierno argentino, con el fin de reconocer como ex combatientes y veteranos de Malvinas a todos los soldados que cumplieron órdenes de guerra en bases militares patagónicas, incluyendo a Tierra del Fuego, durante la contienda de 1982.

El objetivo sería lograr que ese cuerpo legislativo interceda ante el Gobierno argentino para que todos los soldados que cumplieron órdenes de guerra en el continente sean reconocidos formalmente como veteranos de Malvinas: "Porque dice que es una injusticia lo que están haciendo con nosotros", señaló el argentino, sobre los planes del británico.

"Se está desclasificando todo y gracias a Dios se va a hacer justicia. Hubo muchos ataques en el continente. De hecho, el 23 de mayo de 1982 a las 19:00 entramos en combate aéreo con un avión que no se identificó. Fue en la base aérea militar Santa Cruz, ubicada al sur de (Puerto) San Julián", sostuvo Herrera Vidal.

Respecto de la misiva enviada por Denmark, reveló: "Me mandó una carta certificada por un escribano de Liverpool. Cuando la fui a buscar al correo me tomé un día más y lo hice con un escribano público que protocolarizó todo. Luego la mandé a una traductora pública de La Plata y de ahí la envié" al Colegio Público de Traductores e Intérpretes, a los efectos de proceder con su legalización.

En esa carta, el británico admite que existieron incursiones armadas británicas en el continente durante la guerra de Malvinas, como sostienen desde hace años los integrantes de la Asociación Civil Campamento TOAS Plaza de Mayo: "Todos nosotros operamos en áreas consideradas de riesgo de combate", enfatizó al respecto Tulio Fraboschi, presidente de ese organismo.

Fuente:Perfil
Imágenes:Ilustrativas

domingo, 2 de abril de 2017

Malvinas la Guerra en el continente otro revelador libro de las infructuosas incursiones británicas en el continente Exocet Falklands (MALVINAS) por Ewen Southby-Tailyour

Exocet Falklands (MALVINAS)

Por Ewen Southby-Tailyour
Pie de imprenta: Pen & Sword militares 
Páginas: 314 
ISBN: 9781473872103
Publicado: 12mo de octubre de el año 2016

Esto es un  revelador libro  de tres operaciones de fuerzas especiales denominadas , PLUM DUFF, MIKADO y KETTLEDRUM, que fueron encargados para destruir los misiles Exocet de Argentina durante la campaña de las Malvinas de 1982. En ese contexto solo este libro tiene la importancia militar internacional. 

Usando el material antes desconocido y a través de la entrevista de jugadores clave que han permanecido silenciosos durante 35 años, Ewen Southby-Tailyour ha establecido finalmente la verdad: que haya tomado tan mucho tiempo refleja las sensibilidades, tanto militares como personal, implicado. 

Entrevistas con el oficial de la SAS al mando de operación PLUM DUFF, miembros del reconocimiento de la patrulla para operación MIKADO además el navegador del helicóptero que voló con  ocho soldados en Tierra del Fuego, 

ha permitido a la autora para describir los eventos tortuosos que condujeron, en cambio, una historia de supervivencia significativa.

Los pilotos de la RAF ordenados llevar a cabo un asalto aterrizaje de dos Hércules en la base aérea de Río Grande durante la operación MIKADO han hablado de los procedimientos extraordinarios que: así que tiene el jefe de la SBS y el capitán del submarino británico involucrado en la operación de timbal. 

Los pilotos de Super Étendard, que  hundieron el HMS Sheffield y al multiproposito buque transportador Atlantic Conveyor y luego 'atacaron' HMS invencible, además un miembro de las fuerzas especiales argentinas y el brigadier defensa de Río Grande, añade credibilidad, profundidad y seriedad a la saga: como igualmente reveladora entrevista con el oficial de SIS (MI6) que dirigió la búsqueda mundial de Exocets en el mercado negro. 

La inquietante desconfianza de los comandantes en el país fue muy contrabalanceada por las emocionantes historias de coraje físico y moral que inspiraron el Atlántico Sur.

Exocet Falklands (MALVINAS) es un trabajo innovador de la historia militar de investigación de la cual se pueden aprender muchas datos escondidos

miércoles, 21 de octubre de 2015

Servicio Aéreo Especial (SAS) - En el Conflicto De Las Malvinas


Cuando Argentina intento reconquistar  las Malvinas en abril de 1982, Gran Bretaña envió a un gran grupo de trabajo naval para recuperar las Malvinas. Cocer al vapor al sur con la flota británica eran D y G de la escuadrilla del SAS, con el apoyo a las señales de unidades. Acompañando a los 2 Escuadrones fue el teniente coronel Mike Rose, el Comandante de la 22 SAS.

Durante los últimos 30 años, el SAS había sido desplegado en todo el mundo en una serie de pequeños conflictos, perfeccionando sus habilidades en la lucha contra la insurgencia y la lucha contra el terrorismo. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial 2, el Regimiento estaba a punto de tomar parte en un conflicto a gran escala.

Operación Paraquat - Georgia Del Sur


A partir del 25 de abril, del escuadrón D, junto con una sección de SBS y un grupo de Royal Marines Commandos comenzó una operación para retomar las islas británicas de Georgia del Sur.

Operaciones De Reconocimiento del Squadron G

El 1 de mayo, ya que el Grupo de Trabajo recibió dentro del rango de helicópteros, equipos de reconocimiento de la SBS y G Escuadrón SAS fueron transportados por aire en las Islas Malvinas. La SBS principalmente asigna las playas y las zonas costeras, mientras que el SAS se ocuparía de los sectores del interior. Los equipos de reconocimiento fueron para ocultar y reportar en Argentina posiciones de tropas, los movimientos y la moral. G escuadrón 4-hombre patrullas se insertaron en helicóptero, en la noche, por lo menos 20 millas lejos de sus objetivos. El paisaje que ofrece prácticamente ninguna cobertura natural -. Hay árboles o arbustos o se pliega a esconderse en Para hacer las cosas más difíciles, una fina capa de tierra vegetal dio rápidamente paso a suelo rocoso. Los hombres del SAS recurrieron a la excavación de arañazos superficiales en los que se arrastraban, cubriéndose con alambre de gallinero camuflado. Las patrullas de reconocimiento estaban muy cargados de suministros y municiones. Ellos evitan un contacto lo más posible, pero si estuvieran comprometidos estaban por su cuenta y tenía que ser capaz de abrirse camino fuera de problemas. 

Una patrulla G Escuadrón llamado Harrier golpea contra las bases de helicópteros argentinos que habían sido dispersados ​​por las islas, a menudo la reubicación de sus pieles, noche tras noche, ya que cazan a su presa. Después de varios intentos frustrados, el SAS fueron finalmente capaces de traer a Harriers y destruir varios helicópteros de carga pesada argentinos, negando así el enemigo la capacidad de mover fuerzas alrededor de las islas en la fuerza.

Otro equipo escuadrón G puesto en un OP con vistas a la solución verde Ganso y, finalmente, llamada en un ataque aéreo Harrier en el depósito de combustible y munición situado allí


Una patrulla de la SAS se escondió en un barco naufragado, la Señora Elizabeth en medio de Whalebone Cove, desde donde se informó sobre buques y aeronaves movimientos enemigos alrededor de Port Stanley Harbou

sábado, 11 de julio de 2015

Comandos Britanicos Durante la Guerra de Malvinas en el Continente Argentino