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viernes, 25 de septiembre de 2020

Un plan para los submarinos en Argentina


A fines del año 2017, tras la pérdida del Submarino Clase TR-1700 ARA “San Juan”, la Fuerza de Submarinos de la Armada de la República Argentina (ARA) quedó integrada por su gemelo ARA “Santa Cruz” y el ARA “Salta” de la Clase 209, ambos fuera de servicio.

Por lo expuesto, en los más de 80 años desde que se creó el Arma Submarina, por primera vez en su historia la Argentina carece de al menos un submarino operativo, señal clara del nivel de desinversión y desinterés de la dirigencia política por la Defensa Nacional.

En todo país que se precie de serio, la renovación de los medios de sus Fuerzas Armadas -en este caso submarinos- se realiza con la debida antelación, ya que exige llevar a cabo un exhaustivo proceso de planificación, definición y evaluación de requerimientos técnicos (tecnología, dimensiones, etc.), operacionales (velocidad, autonomía, tasa de indiscreción, etc.) y condiciones comerciales (costo, financiación, offsets contractuales, etc.).

Sin embargo, el Ministerio de Defensa (MINDEF) no sólo no hizo la planificación pertinente para modernizar o sustituir los submarinos en línea con el avance tecnológico, sino que ni siquiera fue capaz de gestionar -con previsión- el adecuado uso y mantenimiento de estas unidades tácticas capaces de generar efectos militares estratégicos. La improvisación de las últimas gestiones del MINDEF obligó a la Armada a establecer convenios para adiestrar un reducido grupo de sus Oficiales y Suboficiales en submarinos de Marinas amigas, como la del Perú, Alemania y Brasil, para mantener su habilitación.

¿Necesitamos submarinos?

Solo basta mirar el mapa de la República Argentina para tomar conciencia de que se trata del octavo país más grande del mundo, con una superficie de casi 2,8 millones de Km2 en el continente Americano y casi un millón más de Km2 en el continente Antártico. 

El enorme litoral marítimo argentino, con sus casi 5.000 Km de costas sobre el Océano Atlántico, una Plataforma Continental de casi 6,5 millones de Km2 que la convierte en una de las más grandes y ricas del mundo en materia de biodiversidad y presencia de minerales, petróleo y gas, exigen que el país disponga de buques de superficie, submarinos, aeronaves, radares y satélites para controlar nuestras aguas jurisdiccionales.

Asimismo, más del 90% del intercambio comercial argentino se realiza por vía marítima y a ello se suman los más de mil millones de dólares anuales que genera la industria pesquera legal (se estima que se pierden cientos de millones de dólares por pesca ilegal). A esto se suma la obligación que asumió la Argentina ante la Organización Marítima Internacional (OMI) como país ribereño con responsabilidad de preservar el ambiente marino y salvaguardar la vida humana en casi 14,7 millones de Km2 del Atlántico Sur.

Finalmente, durante el conflicto bélico de 1982 los submarinos demostraron su gran valor como unidades tácticas capaces de generar efectos estratégicos. Por el lado británico, el HMS “Conqueror” hundió al Crucero ARA “General Manuel Belgrano” el 2 de mayo y, tras ese ataque, los buques de superficie argentinos se replegaron a aguas poco profundas, afectando drásticamente el abastecimiento logístico de las tropas propias en las islas.

Respecto al accionar en combate de los submarinos argentinos, el ARA «Santa Fe» participó en la recuperación de las Islas Malvinas cumpliendo tareas previas y encubiertas de inteligencia y reconocimiento, además de infiltrar buzos tácticos para marcar la playa en la cual el 2 de abril desembarcaron las tropas que reinstauraron la soberanía argentina en esos archipiélagos tras 149 años de infructuosos reclamos diplomáticos ante Inglaterra.

Luego que los ingleses establecieran una zona de exclusión, a mediados de abril, el ARA “Santa Fe” burló el bloqueo inglés para llevar a las Islas Georgias un grupo de Infantes de Marina con su armamento y provisiones. Cuando zarpaba de Gritvyken con rumbo a Mar del Plata fue atacado por helicópteros británicos y debió ser inutilizado por su tripulación, cumpliendo el legado del Almirante Brown de “irse a pique antes que rendir el pabellón”.

Por su parte, uno de los nuevos submarinos Clase 209, el ARA “San Luis” operó en Malvinas entre mediados de abril y de mayo de 1982, realizando durante su patrulla de guerra, diversos ataques a buques y submarinos ingleses en al menos tres oportunidades.

Pese a no hundir ningún buque enemigo por problemas entre la computadora de control tiro y los torpedos, el ARA “San Luis” sorteó en reiteradas oportunidades el bloqueo antisubmarino de la flota británica, provocando un alto desgaste logístico de los buques y aeronaves enemigas dedicadas a detectar y destruir al submarino argentino, ya que éste representaba un riesgo inaceptable para Inglaterra si hundía alguno de sus portaaviones.

Por lo expuesto, no caben dudas que urge la necesidad de volver a tener submarinos operativos para que la Armada y el país en su conjunto, dispongan de esta capacidad estratégica, la cual no sólo es útil en tiempos de guerra sino también durante la paz, dado que son unidades tácticas especialmente idóneas para realizar misiones encubiertas de inteligencia y reconocimiento, sabotaje, infiltración y exfiltración de tropas especiales, ataque a buques de superficie y submarinos enemigos, minado naval, control del tráfico marítimo y de la pesca ilegal en la Zona Económica Exclusiva, etc.ç

Un plan a corto y largo plazo

En lo inmediato se debería realizar las tareas de mantenimiento y renovación de baterías y otros componentes que requieren tanto el submarino ARA “Salta” -hoy limitado a navegar sólo en superficie- como el ARA “Santa Cruz”, que años atrás ingresó al Astillero TANDANOR para cambiar sus baterías y otros equipos esenciales.

De los casi 20 millones de dólares previstos en 2015 para reparar el ARA “Santa Cruz” ya se invirtió más de un tercio. Sin embargo, los vaivenes de la conducción política del MINDEF paralizaron las obras y los funcionarios actuales dudan si conviene completar su reparación, la cual demandaría unos 15 millones de dólares y un plazo de 12 a 18 meses.

Sería lógico completar los trabajos previstos hace casi un lustro en el ARA “Santa Cruz”, ya que se trata de un tipo de submarino conocido por los marinos argentinos, que no requeriría mayor esfuerzo en lo que hace a instrucción y adiestramiento de las tripulaciones ya que están familiarizados con su tecnología, performance de navegación en superficie y en inmersión, procedimientos y funcionamiento de sus equipos y sistemas.

Por su parte, en el caso de los submarinos Clase 209, la Armada Argentina podría recuperar en un año al ARA “Salta” y en dos años al ARA “San Luis”. Ambos requieren renovar sus baterías y, en el caso del segundo, también es preciso reparar ciertas partes del casco resistente que sufrieron los efectos de la corrosión por pérdidas de ácido de sus baterías, además de cambiar los motores diesel/eléctrico, válvulas, sensores, etc.

En concreto, invirtiendo aproximadamente 20 millones de dólares en el ARA “Salta” y U$S 60 millones en el ARA “San Luis”, ambos submarinos podrían volver al servicio operativo en 2021 y 2022, respectivamente, con algunas mejoras mínimas en lo que hace a modernizar sus sensores (radar, sonar, periscopio, etc.) y ciertos subsistemas auxiliares.

Comprar una nueva clase de submarinos implica inversiones de varios cientos de millones de dólares (entre 300 y 500 millones según el modelo) y plazos de cinco a diez años desde la firma del contrato hasta que se reciban las nuevas unidades y -en el mientras tanto- las tripulaciones de Oficiales y Suboficiales deben seguir adiestrándose, por lo cual una eventual compra debería ir de la mano con una opción de alquiler o leasing de una unidad del modelo elegido que tenga tripulaciones mixtas (de Argentina y de la Armada del país proveedor) a fin de lograr la indispensable familiarización de los submarinistas argentinos con los nuevos equipos y sistemas, su operación y mejor aprovechamiento.

Asimismo, resulta conveniente destacar que la Argentina dispone de un Astillero especialmente diseñado para construir submarinos y que es propietaria de los planos y licencia para fabricar unidades TR-1700, por lo cual una opción interesante sería conformar una alianza con el astillero alemán a fin de que contar con su asistencia tecnológica e industrial para recuperar totalmente la capacidad nacional de construir submarinos, máxime teniendo en cuenta que dentro del Astillero “Almirante Storni”  ex Domec Garcia se encuentra un TR-1700 sin terminar, con un estado de avance de obras del 70%.

Completar la construcción de este tercer “TR”, llamado ARA “Santa Fe”, costaría unos 200 millones de dólares (casi un tercio del valor de un submarino nuevo equivalente) y estaría terminado en menos de la mitad del tiempo que implicaría construir otro de cero.

Conclusiones

Actualmente la Argentina se ha convertido en el único país del mundo que, teniendo una Fuerza de Submarinos en la estructura orgánica de su Armada, carece de al menos una unidad operativa para adiestrar a sus submarinistas.

Los submarinos son unidades navales tácticas capaces de generar efectos militares estratégicos porque contribuyen decisivamente a negar el mar a eventuales enemigos, además de ser un factor disuasivo para la defensa de los intereses vitales de la Nación.

Submarino Clase U-214 también como posible análisis para los futuros submarinos para la armada argentina

El desempeño de los submarinos argentinos en la Guerra de Malvinas no sólo fue vital para su recuperación sino también para enfrentar a la Marina británica y limitar el accionar de la tercera potencia militar mundial, demostrando su valor disuasivo y estratégico.

Tras el ataque del 2 de mayo al Crucero ARA “General Belgrano”, hundido por el submarino inglés HMS “Conqueror” y en el cual fallecieron 323 de sus 1.093 tripulantes, todas las unidades de superficie de la Armada Argentina se replegaron y sólo los submarinos ARA “Santa Fe” y ARA “San Luis” siguieron operando y desafiando a la Armada británica. ¿Qué hubiera pasado si hundían uno o ambos portaaviones ingleses?

Es innegable la necesidad de incorporar nuevos Submarinos a la Armada para recuperar una capacidad militar única y sumamente válida para naciones con amplios litorales marítimos como el de la República Argentina.

Su capacidad de operar sigilosamente en inmersión y de no requerir reabastecimiento de combustible ni víveres durante períodos prolongados (30 a 90 días) demuestra su valor cualitativo en combate, por lo cual, teniendo en cuenta la extensión del Mar Argentino y las características operativas de los submarinos convencionales, la Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina debería disponer de seis unidades convencionales de características oceánicas como los TR-1700 o los más modernos de las Clases "U 214  u U-212" de Alemania o “Scorpene” desarrollada por Francia y España.

Submarino clase U-212 una alternativa para el futuro

La Nación Argentina requiere que la dirigencia política deje de lado la desidia e indiferencia para tomar en serio la Política de Defensa, ejerciendo una conducción civil de los asuntos militares con responsabilidad y visión de largo plazo.

La sanción de la Ley de creación del Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF) es una señal muy positiva y su reglamentación servirá para apalancar el desarrollo tecnológico e industrial para reequipar a las Fuerzas Armadas. 

Submarino clase Scorpene otra  alternativa para la armada argentina

En ese marco, retomar las reparaciones y la construcción de submarinos en el país sería una excelente forma de recuperar las capacidades militares, tecnológicas e industriales que fortalecerían la Defensa Argentina.

Los 44 héroes del Submarino “San Juan” merecen que se los honre con una Fuerza de Submarinos equipada y adiestrada para defender los intereses vitales de la Nación.

Fuente:https://www.elsnorkel.com

lunes, 22 de mayo de 2017

Cómo Gorbachov destruyó el programa espacial militar de la Unión Soviética, y cuánto le cuesta hoy a Rusia

Treinta años atrás, el líder soviético Mikhail Gorbachev arribó al cosmódromo de Baikonur para ordenar personalmente la finalización del programa militar espacial de la Unión Soviética. Tres décadas después, el analista militar ruso Alexander Khrolenko revisa esta decisión y sus consecuencias actuales para Rusia

.En este artículo para RIA Novosti dedicado al aniversario de la decisión de Gorbachev, Khrolenko recuerda que el líder, familiarizado con la tecnología desarrollada por la Unión Soviética, expresó en el trascurso de su vista a las instalaciones, su arrepentimiento por el compromiso asumido con Ronald Reagan en Reykjavik un año antes de cancelar unilateralmente el programa espacial militar soviético. Washington, en tanto, se negó a detener sus trabajos en el programa de Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), un escudo defensivo anti–misiles hasta 1993, tiempo después de la desaparición de la Unión Soviética.

A pesar de ello, al llegar a la base, el 11 de Mayo de 1987, “el Secretario General reiteró su compromiso con el desarrollo pacífico del espacio”, una idea con la que había estado jugando desde su ascenso al poder en 1985


Khrolenko comenta: “a continuación de la visita de Gorbachev, el programa militar espacial soviético comenzó a detenerse. El concepto de una estación orbital pesada fue descartado en 1989, y luego cesaron los trabajos de Energía en el vector espacial pesado y en el trasbordador Buran”.

Desafortunadamente, agrega el periodista, tres décadas después de aquellos nobles deseos de Gorbachev, “el mundo no cambió. El 7 de Mayo de 2017 el Vehículo de Prueba Orbital norteamericano X-37B regresó a Cabo cañaveral, luego de una misión secreta que lo mantuvo en el espacio cerca de dos años.


Recuerda el periodista que “el Pentágono dijo que el aparato, de unas 5 toneladas de peso, fue diseñado para operar entre orbitas de 200 y 750 kilómetros, y es capaz de cambiar rápidamente de órbita y maniobrar, realizar misiones de reconocimiento y elevar pequeñas cargas al espacio”.

Mientras, los expertos rusos definen al X-37B por lo que es: un interceptor espacial. “En otras palabras, el periodista lamenta, parece bastante obvio que el programa de armas orbital de Estados Unidos sobrevivió a la presidencia de Reagan. El programa de “Star Wars” se convirtió en una realidad del siglo XXI. Rusia deberá adentrarse en asuntos militares espaciales para crear nuevas clases de cohetes pesados y una base propia confiable”


Lo que resignó Gorbachev

La Unión Soviética comenzó a trabajar en sistemas maniobrables espaciales de uso militar en la década de 1960, inicialmente con la idea de un satélite que pudiera eliminar satélites enemigos. La USSR lanzó su primer satélite experimental maniobrable, el Polet-1 en 1963. Cinco años después, el 1 de noviembre de 1968, los ingenieros soviéticos lograron la primera intercepción exitosa de un satélite blanco.

Entre 1973 y 1976, bajo el programa secreto Almaz, la URSS colocó en órbita tres estaciones espaciales tripuladas de reconocimiento de uso dual, militar y civil, a la vez que los ingenieros experimentaban en más de una docena de pruebas para continuar mejorando los sistemas anti–satélites.

En masivos ejercicios llevados a cabo entre Junio y Septiembre de 1982, luego conocidos por la OTAN como la “Guerra nuclear de las Siete Horas”, la URSS y sus aliados realizaron una serie de entrenamientos que incluyeron el lanzamiento de misiles balísticos basados en tierra y en submarinos, pruebas de misiles anti – misiles y maniobras con satélites militares, incluyendo el interceptor espacial de satélites 5V91T Uran.

“La Energia Space Corporation se involucró en la creación de armas basadas en el espacio para el combate, en, o desde el mismo” recordó Khrolenko.

A finales de los 70, Energia presentó dos diseños de naves espaciales futuras, basados ambos en la misma plataforma, una armada con misiles y otra con láseres. La nave armada con misiles era más pequeña y ligera, permitiendo cargar una gran cantidad de combustible a bordo; Esta, designada como 17F111 Kaskad tenía como objetivo blancos enemigos situados en las órbitas bajas (hasta los 300 km). La otra, con los láseres, se designó 17F19 Skif, y estaba pensada para su uso contra satélites en órbitas medias y geoestacionarias. Los planes contemplaban la creación de grupos de ataque orbital que combinaran ambos tipos de naves (Skif y Kaskad)


El proyecto Kaskad incluía un interceptor de misiles para el espacio profundo, utilizable para interceptar las cabezas de los vehículos de reentrada de los ICBM durante las etapas pasivas de su vuelo.

Para destruir instalaciones militares en el suelo, los ingenieros soviéticos desarrollaron un concepto de estación espacial pesada, la 17K DOS, combinada con una serie de vehículos autónomos (del estilo de las lanzaderas Buran) armados con cabezas nucleares (entre 15 y 20 por módulo). En los inicios de un conflicto, los módulos se separarían de sus portadores, y tomarían posición para comenzar su descenso, alcanzando múltiples blancos con un alto grado de precisión


Luego que el presidente Reagan revelara su proyecto de Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), los ingenieros soviéticos comenzaron a explorar la posibilidad de minar las órbitas más bajas de la tierra

Khrolenko recuerda que “las investigaciones se basaban en averiguar la efectividad de sistemas orbitales que pudieran barrer el espacio de naves enemigas hasta altitudes de unos 3000 km.”

Por último, el periodista destacó que, a pesar de los avances hechos por la URSS en su programa espacial militar, desde la llegada al poder de Gorbachev, este comenzó a avanzar persistentemente en su tesis de uso y desarrollo pacífico del espacio, bajo los auspicios de sus “nuevas ideas”. “Bajo la presión del Comité Central, se cancelaron los lanzamientos de blancos del sistema 17F19 Skif (con un láser dinámico de gas de 1MW de potencia), así como de otros elementos de combate. Fallas técnicas durante el lanzamiento de la nave sólo aceleraron la cancelación del resto del programa.”

Khrolenko enfatizó que durante la mayor parte de la guerra fría, los Estados Unidos se mantuvieron dramáticamente retrasados con respecto al desarrollo de sistemas militares basados en el espacio frente a la URSS. El diseño norteamericano de estaciones espaciales de uso militar, comenzó recién en los ´70 (considerando los proyectos que incluían el uso de energía cinética, láseres y armas de partículas)

Ronald Reagan ordenó el desarrollo de un sistema norteamericano anti – satélites en 1982, y proclamó su Iniciativa de Defensa Estratégica un año después, en marzo de 1983. Como los últimos vestigios de estos programas cesaron en 1993, Khrolenko destaca que “el uso pacífico del espacio continuó siendo sólo un sueño para la humanidad”


“La tecnología espacial provocó el surgimiento de nuevos métodos de conducir operaciones militares. Hoy, de los casi 1380 satélites en órbita, 149 son norteamericanos, y de uso dual (Según el periodista); para comparar, Rusia tiene 75 satélites militares, China 53, Israel 9, Francia 8 y Gran Bretaña y Alemania 7 cada uno.” Todas las grandes potencias están desarrollando actualmente tecnología militar para su uso en el espacio. Las órbitas bajas están cada vez más militarizadas.”

A principios de este año el segundo comandante del Comando Estratégico norteamericano le contaba a los medios la necesidad de enviarle a los futuros adversarios de Estados Unidos alguna señal de que el país está preparado para pelear una guerra espacial. El último año, el General John Hyten, máxima autoridad del Comando Estratégico fue más allá, al expresar que si las potencias mundiales se expanden hacia el espacio, inevitablemente crecerán las posibilidades de un conflicto: “En ese caso, estaremos preparados” comentó.

Mientras, los analistas militares han retomado la idea de una defensa contra misiles basada en el espacio, al desarrollar y probar tanto la Missile Defence Agency como la Raytheon Corporation sistemas de armas destinados a detectar y destruir misiles balísticos en la reentrada a la atmósfera.

En la actualidad, Khrolenko enfatiza que incluso los países que se oponen a la militarización del espacio, entre los que se incluyen China y Rusia, está forzados a desarrollar armas que prevengan un mortal desequilibrio estratégico.

Según concluye el periodista, la pregunta que se debe hacer es: ¿valió la pena que en el trascurso de estos años convertir la “espada espacial” de Rusia (como heredera de la URSS) en arados y nuestros Kaskads y Skifs en ollas y sartenes?

https://sputniknews.com

jueves, 4 de mayo de 2017

LAS FUERZAS IRAQUÍES ABREN UN NUEVO FRENTE PARA RECUPERAR EL CONTROL DE MOSUL


Las fuerzas iraquíes abren un nuevo frente en el noroeste de Mosul para expulsar de la ciudad a los yihadistas del Estado Islámico.



Este nuevo frente se debe a que desde hace semanas los soldados iraquíes que luchan en el casco antiguo de la ciudad se encuentran estancados por la estrechez de sus calles y la afluencia de civiles, unos 400 000 según la ONU, que permanecen allí atrapados.


Esta nueva ofensiva de las fuerzas iraquíes que intentan recuperar Mosul desde el pasado mes de octubre, se lleva a cabo con ayuda de la coalición internacional liderada por Estados Unidos

El grupo yihadista Estado Islámico tomó el control de la segunda ciudad más grande del país en 2014. Según datos oficiales, unas 600 000 personas han huído como consecuencia de los combates.

La recuperación total de Mosul supondría un gran revés para el grupo terrorista que ya solo tiene bajo su control algunas regiones situadas al oeste de Bagdad.

http://es.euronews.com

martes, 21 de junio de 2016

Argentina quiere recuperar el rol del Astillero Río Santiago como proveedor de la Armada

El ministro de Defensa argentino, Julio Martínez, visitó las instalaciones del Astillero Río Santiago (ARS), a unos cincuenta kilómetros de la capital, donde se lleva a cabo la fabricación de dos lanchas de instrucción, de las seis contempladas destinadas a la Escuela Naval Militar. Recibido por el presidente del ARS, Ernesto Gaspari, recorrió las enormes instalaciones de este conglomerado industrial donde fueron construidos el destructor Tipo 42 “Santísima Trinidad” y las seis Corbetas MEKO 140 para la Armada Argentina, además de innumerables embarcaciones de todo tipo para empresas comerciales y estatales del país y del continente, lo que incluyó buques petroleros de más de 60.000 toneladas de desplazamiento.

Después de treinta y ocho años, se vuelve a realizar íntegramente en estas instalaciones el diseño, la ingeniería y construcción de buques para la fuerza naval, en esta ocasión unas embarcaciones de instrucción, denominadas LICA, a partir de un convenio rubricado con el Ministerio de Defensa argentino.

El Astillero Río Santiago fue otra de las presas del anterior gobierno kirchnerista, cuyo plantel de empleados administrativos (no los operarios) incrementó a niveles increíbles, más de 3.500 trabajadores, aumentando el gasto publico inútilmente


Hoy la grada principal está ocupada por un gigantesco buque encargado por el gobierno de Venezuela, principal aliado mediático de la ex presidente Cristina Kirchner. Dicha embarcación está abandonada por falta de pago y nadie sabe qué hacer con ella, ocupando un sector vital de la planta industrial, otro “logro” de la administración anterior y su extraviada política exterior. La intención del MINDEF y del estado es que se vuelva a construir buques para la ARA y otros organismos públicos, recuperando el rol estratégico que supo tener hace décadas. (Luis Piñeiro)
MINDEF